Desde el año 2009 hasta el 2015, visité en muchas ocasiones a Isidro en su casa de Pincanya, en Valencia. Él me ofreció el material que luego se transformaría en la novela que escribí sobre su vida y su estancia en el campo de concetración de Albatera.
Conocer a Isidro me cambió la vida. Durante seis años me dediqué por completo a su historia. No fue fácil contarla, no fue sencillo convertir una historia real en una novela, pero si queríamos que su vida y la de tantos miles de desdichados se conociera, teníamos que intentarlo. Hoy la novela está ya en la quinta edición y aún espero conseguir llegar más lejos, porque Isidro y todos los que sufrieron el tormento del hambre, la sed y las torturas merecen ser recordados.
Esta foto tan entrañable la hizo César Benet, el hijo pequeño de Isidro.